6 diciembre (Alza tus ojos) El privilegio de ofrendar

 

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia, porque, en las grandes tribulaciones con que han sido probadas, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediéramos el privilegio de participar en este servicio para los santos.

2 Corintios 8.1–4

 

Quizás ningún elemento delata tan fielmente el grado de nuestro compromiso con Cristo como nuestra relación con el dinero. Muchos cristianos serios revelan un verdadero desconocimiento de cómo se administran los bienes cuando uno es ciudadano del reino de los cielos. Aunque acostumbramos exhortar a la gente de nuestra congregación con el texto «Dios ama al dador alegre» (2 Co 9.7), desconocemos las dinámicas que están en juego en la ofrenda que nace de una acción del Espíritu en nosotros.

El texto de hoy nos da una buena orientación con respecto al tema. En primer lugar, es bueno que notemos que Pablo declara que lo que ocurrió en la iglesia de Macedonia es por la gracia de Dios. Es importante resaltar esta verdad porque ofrendar no es algo natural ni normal en los seres humanos. Al contrario, el hombre natural solamente piensa en sus propias necesidades. Aun después de que Cristo ha quebrado esa tendencia en nosotros, necesitamos abundante gracia para poder abrir el corazón y la billetera, para empezar a actuar con generosidad hacia los demás.

En segundo lugar, usted observará que la iglesia de Macedonia, que es presentada como un modelo de generosidad en el Nuevo Testamento, estaba atravesando un tiempo de profundas tribulaciones. Es probable que esto fuera resultado de las persecuciones que la iglesia naciente sufría, cada vez con mayor violencia, a lo largo y a lo ancho del imperio. De todos modos lo que vale la pena notar aquí es que las aflicciones no lograron desviar a la congregación de su cometido. Quienes hemos pasado por profundas angustias sabemos cuán fácil es tornarse, en estas circunstancias, completamente ciego a las necesidades de los demás.

En tercer lugar, vemos que ofrendaron en medio de una situación de «profunda pobreza». Es en este punto que más notamos la diferencia con nuestras propias tendencias, pues cuando estamos pasando penurias económicas una de las primeras cosas que sacrificamos es nuestra ofrenda. Los macedonios entendían que la mejor manera de combatir la amargura y el desazón que acompañan a la pobreza era con un espíritu de absoluta liberalidad. De este modo se aseguraron que el dinero no era lo que controlaba su felicidad ni lo que les proporcionaba seguridad en la vida.

Por último, note que le rogaron a Pablo que les concediera el privilegio de ofrendar. ¡Qué tremenda actitud! Nadie tuvo que suplicarle a ellos que ofrendaran. Más bien, ellos sentían que se iban a perder una gran bendición si no lo hacían. Esto sí que es una convicción nacida del Espíritu, pues siempre luchamos con la idea de que dar es perder. Ellos sabían que la ofrenda era un medio de gran ganancia.

 

Para pensar:

«Hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo justo y acaban en la miseria» (Pr 11.24).

 

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