Una decisión de vida o muerte

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,

y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Hechos 5:1-2

 

El ambiente que se vivía en la época de los Hechos de los Apóstoles era muy marcada por los milagros y señales que se hacían, manifiestas por los mismos apóstoles. Recordemos las palabras del Señor Jesus: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Juan 14:12)”.

La escena que se menciona en este pasaje de las escrituras de Hechos puede interpretarse muy rígido por el final, en este caso, la muerte de Ananías y Safira; en el versículo 11 se menciona que por este tipo de señales vino gran temor sobre toda la iglesia. Esto representa que con las cosas de Dios no se puede Jugar.

Hoy en día la actitud y acciones de los congregantes puede decirse que es fuera del temor de Dios, un ejemplo que causa controversia para algunos son los diezmos, aun sabiendo que hay que dar a Dios lo que es de Dios, se suele dar lo que sobra: diezmos del 5% o el 3% o el 8%.

Podemos notar, por citar otro ejemplo, con respecto a los estándares de Dios para sus seguidores, en el libro de Deuteronomio 23:1 dice: “No entrará a la congregación de Jehová el que tenga magullados los testículos, o amputado su miembro viril”, puede, de igual manera sonar muy extremista ya que no importando la razón por las cuales tuvieran estos defectos el hecho es que no entraban.

Todo esto se resume Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14),

Para pensar:

¿Estamos dispuestos a pagar el precio?

Los estándares de Dios son mucho muy elevados pero separados de Cristo nada podremos hacer. Él Señor es el mismo de ayer, hoy y siempre; más bien ¿estaremos viviendo en el temor de Dios? El simple hecho a tomar en cuenta que la paga del pecado es muerte, pero “la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús (Romanos 6:23).

No vivamos con el temor de que si hacemos algo Dios nos va a castigar, al contrario, Dios muestra su amor para con nosotros en que podamos entrar confiadamente y confesar nuestros pecados y verdaderamente arrepentirnos.

El problema de Ananías y Safira es que sabiendo lo que habían hecho se mantuvieron en la mentira y no hubo arrepentimiento.

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